Finlandia

Especial Navidad: Los renos voladores del Círculo Polar

Animales espirituales para los Sami

Hasta el Círculo Polar Ártico deberemos volver ineludiblemente si nos interesa conocer el origen de la tradición de los renos voladores de Papá Noel, que muy en contra de lo que puedan pensar los más puristas y ortodoxos, está muy alejada de los hábitos relacionados con una vida sana y sin adicciones.

Efectivamente, señoras y señores, los inocentes renitos del trineo de Santa se drogaban. No, no es una broma, sino parte de la tradición del pueblo Sami, la cultura aborigen más antigua de Europa, en la Laponia finlandesa. Allí es donde encontraremos los primeros vestigios del mito de Joulupukki, profundamente entroncado con el moderno Papá Noel y no debemos olvidar que el anciano de blancas barbas se popularizó en EE.UU. después de que Coca-Cola encargase a un publicista, curiosamente hijo de inmigrantes finlandeses, el diseño de la imagen de Santa Claus.

La inocente setita

Joulupukki es pues la versión lapona de Santa y su nombre significa literalmente Cabra de Navidad, en referencia a los cuernos y las pieles y máscaras con que se disfrazaban los antiguos paganos, en busca de excedentes de comida por la celebración del solsticio de invierno. De ahí a entroncrar con Santa Claus y prestarle unos renos… unos cuantos años de historia.

El caso es que, ubicada la cuna del mito, ahora tendremos que aportar los datos que avalen la acusación que pesa sobre los mágicos renos. Si más dilación comentaremos que por el Círculo Polar Ártico se desarrolla un tipo de seta, muy famosa por su inocente y cuentístico aspecto que, sin embargo, es venenosa y posee un potente efecto alucinógeno. Hablamos de la Amanita Muscaria, la típica seta roja moteada en blanco que sirve de casita a David el Gnomo.

Ese resulta ser el alimento favorito de los renos escandinavos, que los chamanes sami, muy vinculados a estos animales, les proporcionaban en sus ritos para aumentar sus propiedades adivinatorias. De hecho, los adivinos se bebían la orina del reno, cuyos riñones ya habían filtrado el veneno, y disfrutaban de las propiedades alucinógenas a través de trances en los que tenían la sensación de estar volando. Curiosamente, el espíritu del chamán regresaba a su cuerpo, tras el vuelo, a través de la chimenea de su choza. ¿Os suena? ¿Rudolf mal carácter o síndrome de abstinencia?

Fotografías de Stacey Huggins, Billy V, Visit Finland, shirleynedry, ellenm1 y Tony Wills.
Licencia Creative Commons y/o Public Domain
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Sobre el autor

Mar Santiago

Periodista y traveller, especializada en otras culturas y países en conflicto. Ha trabajado para importantes medios de comunicación (RNE, EFE, Diario16...). En la actualidad comparte sus experiencias a través de la blogosfera.

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