Baños infantiles en el Río Senegal

Como decía una canción, “el tiempo pasa, nos vamos haciendo viejos…” Yo añadiría, además: nos acercamos a la muerte, para luego desaparecer… Con los ríos, la parte cantarina del verso se hace realidad: Pasan y se van haciendo viejos. Sin embargo, jamás se acercan a la muerte y raro es que desaparezcan, a no ser que el hombre -pocas veces para bien- retoque sus cursos y los condene a la desaparición.

Con este devenir del agua, los ríos forman la savia misma de la tierra y se cargan aún más de sentido cuando atraviesan extensiones de continentes tan extremos como África. Es el caso mismo del río Senegal, que en la antigüedad sirvió para sacar al Atlántico el comercio africano de interior.

Casi 1.800 kilómetros de recorrido, desde Guinea (río Bafing) hasta Senegal, pasando por Mali y Mauritania. Llega al océano dejándose acariciar por la Lengua de Babaria, un arenal de 15 kilómetros que da nombre también a uno de los Parques Nacionales más hermosos de la zona.

Lavado de ropa en el río

Resalta el valor de sus aguas, impredecibles en una zona del Sahel en la que las lluvias dependen de los caprichosos monzones, a veces desoladoras riadas y otras testigo de agónicas sequías. Tal vez esa impredecibilidad le otorgue la hermosura y la alegría con la que lo reciben los africanos, tramo a tramo, hasta llegar a Saint Louis, la ciudad-puerto de Senegal en la que se une al mar para dar salida a todo su potencial comercial.

Allí estuvo la antigua capital de África, desde allí partía incluso el comercio de esclavos, al igual que desde su “hermana” Isla de Goré, y allí nacía una “civilización” procedente de Europa en forma de ocupación colonial de Francia, que le prestaba su idioma y le tomaba sus recursos.

Pero el río continúa comportándose como los grandes, ofreciendo agua tanto para la navegación como para el baño de alegres niños o el lavado de los ropajes cotidianos. En la actualidad es recorrido por algunas agencias que venden a los turistas otra forma de ver África, a través de “cruceros” a bordo de piraguas adaptadas para el recorrido turístico y que en Europa se han hecho célebres por servir de soporte a tantos inmigrantes, que emprenden suicidas viajes en busca de una vida mejor.

Fotografías de Giel F, Bertramz, Dijor, Guillaume & Pauline y 300td.org y eutrophication&hypoxia.
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